lunes, 3 de enero de 2011

El Estado Fallido. Realismo vs. Optimismo



Bandera Dominicana
La República Dominicana parece estar condenada a ser triste y desdichada. Desde sus inicios nuestro país ha sido víctima de saqueos y barbaridades por parte de gran parte de sus políticos; entre los arcaicos casos podemos mencionar a Ulises Heureaux, Ramón Cáceres y Rafael Leónidas Trujillo entre otros. Pero yéndonos al siglo pasado (el cual es el más reciente), durante el mismo no solo Trujillo saqueó este país sino también la gran mayoría de los gobernantes elegidos supuestamente de forma democrática, exceptuando el de Juan Bosch, casi todos los demás gobiernos posteriores al tirano han malversado y abusado de los recursos que poseemos. En este país no se avanza de forma exitosa; no se sale de la pobreza y la desigualdad es cada vez más amplia entre las diferentes clases sociales. A causa de la corrupción estatal los pobres se empobrecen más, la clase media también se empobrece y los ricos y grandes empresarios se enriquecen. De nada sirve la creación de un DPCA, de nada sirven las denuncias por parte del pueblo y  los medios de comunicación. A pesar de ser obvia la corrupción de muchos de los funcionarios de los gobiernos, nunca los destituyen, siempre los cambian a otra dependencia o los nombran asesores o ministros sin carteras.


La debilidad de las instituciones de nuestra media isla es en parte responsable de este desorden socioeconómico, político y moral que actualmente vivimos los dominicanos. La justicia y sus diferentes organismos han dejado mucho que desear cuando se enfrentan a escándalos de gran magnitud. Si los acusados son adinerados tienen un noventa y nueve (99%) de salir librados, gordos y colorados de las débiles garras de nuestro sistema judicial, el cual se ha demostrado puede ser burlado, sobornado e incluso comprado. En este país hay muchas vacas sagradas, hay mucha prensa amarilla, hay mucho clientelismo, clásico y moderno; hay mucha manipulación y engaño a los más desposeídos y menos educados; el gobierno viola la constitución; este país tiene muchos ignorantes por que el gobierno no proporciona una educación digna y de calidad; los hijos de los gobernantes y funcionarios públicos no acuden a los centros públicos en busca del pan de la enseñanza, sino que acuden a los colegios y centros privados e incluso envían a sus hijos e hijas a estudiar fuera del país. ¡Qué pena!, ¡qué desfachatada!, qué vergüenza siento como dominicano al ver esta injusticia; ¡Qué pena! que un pequeño grupo viva bien a costilla de los demás; ¡Qué pena! que las organizaciones que deben jugar un rol protagónico en nuestra sociedad estén practicando corrupción; ¡Qué pena! que el plan de desarrollo sea un cuento; ¡Qué pena! que seamos indolentes; ¡Qué pena! que Quisqueya muere; ¡Qué pena! que los reclamos del pueblo no sean escuchados; ¡Qué pena! que la conciencia de nuestros votantes las hayan comprado; ¡Qué pena! que don Juan no está vivo; ¡Qué pena! que la corrupción sea socialmente aceptada; ¡Qué pena! que ya no queramos leer; ¡Qué pena! que nos engañan; ¡Qué pena! que nos dejamos engañar; ¡Qué pena! que el dominicano no sea dueño de los destinos de su nación; ¡Qué pena! que estemos vendiendo nuestro patrimonio;  ¡Qué pena! que estemos vendiendo nuestro país; ¡Qué pena! que los partidos políticos han fallado; ¡Qué pena! que seamos un estado fallido; ¡Qué pena! que seamos un puente para el narcotráfico; ¡Qué pena! que seamos un narco estado; ¡Qué pena! que Wilton Guerrero no sea nuestro presidente; ¡Qué pena! que países más pobres que el nuestro destinen más recursos a educación;  ¡Qué pena! que hay tantas voces calladas; ¡Qué pena! que no valoremos lo nuestro;¡Qué pena! Dominicanos.